el agotamiento de los recursos energéticos del planeta

El sistema humano dominante en el último ciclo histórico, caracterizado por una intervención desproporcionada sobre los recursos energéticos del planeta, ha supuesto un salto cualitativo en la alteración de los ciclos vitales de la biosfera.




La dimensión de las transformaciones a las que estamos comenzando a asistir y los márgenes temporales, cada vez más estrechos en los que están teniendo lugar, nos hablan de un Cambio Global sin precedentes en la Historia.



Más allá de las tendencias al agotamiento de combustibles fósiles, del aumento exponencial de sus precios, de la contaminación del suelo, el agua y la atmósfera que deviene de su extracción, transformación, transporte y consumo; el crecimiento demográfico mundial, previsto para las próximas décadas, exige mirar de frente el problema.

Y ya no sólo para responder con eficacia al incremento de la demanda objetivo fundamental de nuestro actual modelo de desarrollo, si no para hacerlo, de una vez por todas, con las mayores garantías de seguridad, para todos los seres vivos del planeta, presentes y futuros.




El debate de la energía está estrechamente relacionado con las discusiones sobre el modelo de desarrollo, porque detrás de cualquier modelo de desarrollo siempre está subyaciendo una determinada base energética.

En el caso de las energías fósiles se inauguró una nueva era de energía abundante y barata que posibilitó, entre otras cosas, junto con otros muchos más factores, la irrupción de la sociedad del consumo de masas en Occidente, y en el plano de la economía mundial, provocó un incremento importante del tamaño de la escala de actividad económica que luego nos ha conducido al choque con los límites de la naturaleza y con los problemas de la crisis del propio sistema económico.

La ropa que vestimos, los alimentos de nuestra dieta diaria, los objetos y productos que usamos en el trabajo y en nuestros hogares, nuestros hábitos de ocio, nuestra manera de transportarnos, todas y cada una de nuestras actividades cotidianas, implican, un consumo energético, y conllevan una dinámica económica y productiva, que se sirve del petróleo, del carbón y del gas, y que está emitiendo constantemente, dióxido de carbono a la atmósfera.

En el caso específico de la energía, que está en el corazón de ese cambio, requería también un estudio, pero no un estudio sólo sobre energía sino sobre la economía y la sociedad de la energía.

Porque cambiar los patrones de producción y consumo que tenemos hoy, que son los que están detrás de este cambio global tiene una influencia muy importante sobre la sociedad y tiene una influencia muy importante sobre la economía. y por lo tanto, necesitamos conocer, qué significa el sistema energético, por donde pueden ir los cambios, cómo hay que orientar la economía para hacer esos cambios posibles y qué repercusiones va a tener sobre la sociedad y qué opciones tiene que tomar la sociedad.

El reto energético al que nos enfrentamos no pasa ya, por alargar la vida de todos estos procesos insostenibles, si no por el planteamiento de nuevos paradigmas socio-económicos que hagan posible la reducción del consumo de energía, la des-carbonización y el aumento y mantenimiento de los sumideros de CO2.

Es el momento de desestimar los análisis sesgados, que durante décadas han confundido a la opinión pública, en pro de intereses específicos, y de apuntar hacia diagnósticos sistémicos que se hagan cargo de todas las variables puestas en juego.

Yo creo que los movimientos sociales han conseguido mucho, en lo relativo a estos temas.

Tenemos que tener en cuenta que, en realidad, que es avanzados los años 70, cuando nace el movimiento ecologista y cuando empieza a haber una cierta conciencia pero después, debido a una época de abundancia de petróleo barato y debido también al aumento de la tecnología que parecía que iba a resolver muchos de los problemas que existían, hubo un momento en que los problemas ambientales quedaban de nuevo diluidos.

El petróleo es un recurso energético muy abundante, que tiene una gran densidad energética, es decir, concentra mucha energía por una unidad de volumen, es muy fácil de transportar, de manejar, muy polivalente en cuanto a sus usos, y sobre todo, lo que permitió, al menos durante una época, fue que hubiera unas disponibilidades a precios relativamente asequibles.

Eso favoreció unas determinadas formas de producción y de consumo que dió lugar a dinámicas productivistas y consumistas que son las características de la fase contemporánea del capitalismo.

Es evidente, que el modelo energético que se ha impuesto en las últimas décadas, está estrictamente vinculado al modelo de desarrollo, y por extensión, a determinados estilos de vida.

Cualquier modificación sustancial sobre esta base energética debe conducir, necesariamente, hacia una oportuna reflexión sobre los comportamientos característicos de esta civilización post-industrial. El modelo energético mundial es claramente insostenible.

Se basa en el petróleo y en los combustibles fósiles y el petróleo se está agotando. Estamos cerca de lo que se llama el pic-oil, es decir, que ya hemos consumido la mitad de las reservas mundiales.

A partir de ahora todo será muchísimo más complicado, y el precio del petróleo subirá hasta costes absolutamente insostenibles y además se irá agotando, y con el gas y el carbón, también se agotan, pero, sobre todo, están lanzando emisiones a la atmósfera y provocando el cambio climático.

Siendo así las cosas y en el mejor de los casos, la reducción del consumo energético tampoco será suficiente para alcanzar un modelo sostenible.

Es, a todas luces, imprescindible operar también sobre las tecnologías de la transformación de la energía.

Las energías renovables se presentan como la única alternativa viable y sostenible frente a los combustibles fósiles y la energía nuclear, que a pesar de su insistente e irresponsable buena prensa, no es ni barata, ni mucho menos, segura.

La energía nuclear tampoco sirve para luchar contra el cambio climático, estamos hablando de tecnología muy cara y peligrosa que no se podría extender fácilmente a todo el mundo, no podríamos aumentar el número de reactores que hay en la actualidad hasta una cantidad que nos permitiera sustituir combustibles fósiles de forma apreciable, y así lucharíamos contra el cambio climático, porque aumentaríamos todos los inconvenientes que tiene la energía nuclear: inseguridad, posible proliferación por el doble uso militar y civil, escasez de uranio, esto es muy importante, el combustible nuclear, a precio barato, queda para 40 años, al actual ritmo de consumo, si multiplicamos el ritmo de consumo, pongamos por 5, pues quedaría para 8 años.

A la reciente catástrofe de Fukushima, de la que todavía sabemos muy poco, se suma la polémica, siempre abierta, en torno al agotamiento de las reservas de uranio la proliferación nuclear fuera de control y las controversias, no resueltas, sobre los residuos radiactivos.

Por otro lado, los elevadísimos costes de inversión de las instalaciones nucleares conllevan largos periodos de amortización que dispersan y confunden los cálculos reales, y arrojan muy pocas certezas respecto a su viabilidad financiera.

Hoy, en España, se sigue haciendo a través de la moratoria nuclear.

Se está pagando del orden del 1% del recibo de la luz en moratoria. En esas condiciones se puede decir que es barata desde el punto de vista de economía dura.

Pero si uno mete todo el ciclo de vida del reactor, esto también sería falso porque la gestión de los residuos para los que todavía no existe solución, pues nadie sabe cuanto va a costar, porque nadie sabe cuál va a ser la solución.

Esto en economía es una aberración. La convergencia de la crisis financiera, climática, energética y ambiental, ha puesto de manifiesto que la búsqueda de soluciones parciales termina desembocando en nuevos desajustes.

Haciéndose cargo de la interactividad de las facetas económica, política, social y ambiental la ONU, está proponiendo salidas de conjunto a cuestiones como el cambio climático, y el deterioro de los ecosistemas.

Pero, a sabiendas de que las acciones llevadas a cabo por las grandes instituciones internacionales, son, por definición, lentas y a veces tan solo aparentes, es el momento de que la población civil, tome, de una vez por todas, las riendas de su futuro.

El papel de la ciudadanía en la transformación de los estilos de vida hacia patrones mucho más sostenibles es fundamental. Y yo creo que tiene como una doble vertiente.

En primer lugar está la regulación de los consumos individuales que cada persona, o cada unidad doméstica viene a tener.

La clave está en aplicar cambios y transformaciones que vayan encaminados a una reducción drástica del nivel de consumo de energía y también del consumo de materiales, y seguir las pautas de los modos de organización de la naturaleza.

Para evitar un debate simplificado sobre la energía o peor aún un debate sesgado, habría que tener presente, aparte de las consideraciones que hemos hecho, de las relaciones entre un modelo de desarrollo y una base energética, otras cuestiones como el análisis de lo que supone la extracción de la energía, su transformación, su transporte, hasta el momento en que consumimos esa energía.

Y en segundo lugar, también tendríamos que tener en cuenta la geopolítica de los recursos fósiles. Por la historia sabemos que esa geopolítica ha estado marcada por el intervencionismo militar, y también por una violencia extrema.

Siendo sistémicos los problemas que afrontamos, las respuestas han de ser también sistémicas, sinérgicas y de alcance planetario.

En este sentido, sistema educativo, movimientos sociales, gobiernos nacionales, instituciones internacionales, pequeñas empresas y grandes corporaciones, han de sumar sus compromisos, energéticos y climáticos, para reconducir el cambio global.

A la hora de vislumbrar el cambio global, las tendencias ascendentes y cómo debemos operar es importante pensar en el corto, medio y largo plazo. No podemos tomar decisiones solo de corto plazo, tenemos que saber a dónde queremos llegar.

Y la perspectiva de 2050 de mediados de siglo, es una perspectiva clave. Por qué?. Entre otras cosas porque, a partir de entonces, tenemos que haber conseguido cambiar completamente la dinámica de emisión de gases de efecto invernadero.

La humanidad tendrá que pasar de emitir los 30.000 millones de toneladas que se emiten actualmente a la atmósfera a emitir menos de la mitad, y en el caso de los países industrializados, desarrollados, tendrán que pasar a emitir el 80% menos. ¿Eso qué significa?.

Significa que de cada 10 toneladas que emitimos ahora solo podremos emitir 2. En el segundo plano, la ciudadanía común lo que puede hacer es presionar y realizar actividad política y activista para conseguir que multinacionales, empresas de todo tipo y gobiernos impulsen estos cambios estructurales que son imprescindibles para conseguir un cambio hacia la sostenibilidad.

Por tanto la organización en todo tipo de asociaciones, la movilización política, la respuesta y la movilización ciudadana constituyen otro elemento básico para poder realizar este cambio.

La descomunal dimensión del desastre de Fukushima, ha terminado por hacer añicos, argumentos, en otro momento de peso, como la soberanía energética de los estados nacionales; lo que convertía a la energía nuclear, ante el inminente agotamiento del petróleo, en la energía de sustitución por excelencia.

Pero el fantasma de Chernovil, vuelve a aparecer ante el anuncio fatal de los efectos radiactivos que padecerán, en el futuro, varias decenas de miles de japoneses.

Lo que Fukushima nos enseña es la radical falta de sentido de la carrera hacia la perfección pretendida, especialmente, por los defensores de la energía nuclear de fisión.

La fisión y la fusión son las principales reacciones nucleares que ocurren de forma natural y artificial, las dos y tienen unas diferencias fundamentales.

La fisión consiste, básicamente, en romper núcleos pesados para dar núcleos más ligeros, con desprendimiento de energía, y es una reacción en cadena, porque en la reacción de fisión, se producen neutrones, y estos neutrones impactan otra vez contra un núcleo pesado, que a su vez, vuelve a dar núcleos ligeros, y más neutrones, y así sucesivamente.

Por cada reacción de fisión se pueden producir entre dos y tres neutrones y eso significa que el ritmo de reacción va aumentando a razón del triple cada vez que se produce un choque.

Esto significa que tenemos una reacción en cadena que se va a tender a desmandar, a crecer, y a hacerse inestable. Si uno no hace nada, tiene su combustible nuclear y permite que eso reaccione, eso no es ni más ni menos que una bomba atómica.

Para complicar las cosas, los residuos producidos por la tecnología nuclear de fisión son de larga vida y de muy alta actividad radiactiva.

Es decir, permanecen activos durante cientos de miles de años. Por el contrario, la fusión consiste en unir núcleos ligeros para dar lugar a núcleos más pesados también con desprendimiento de energía.

Pero la principal diferencia, es que este proceso no tiene como consecuencia una reacción en cadena. Los residuos generados, son en este caso, de media y baja actividad, es decir, entre 300 y 500 años de vida.

La Fusión es una reacción gracias a la cuál existimos nosotros, porque partiendo del hidrógeno primigenio y de los elementos primigenios que había tras el big bang éstos se fueron uniendo y gracias a la fusión, han dado lugar a elementos más pesados como el carbono, el hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno que son nuestros principales constituyentes, y además, la fusión es la energía de las estrellas.

Desde los años 30, gracias a Bethe, se sabe que las estrellas funcionan gracias a las reacciones de fusión.

Luego aquí tenemos las dos reacciones que han sido domesticadas por el ser humano, una, desde mi punto de vista tremendamente problemática, con problemas técnicos todavía sin resolver a pesar de que lleva 60 años en funcionamiento y la otra, que funciona de forma habitual en las estrellas, y que en la tierra todavía no hemos conseguido hacerla rentable.

Fotografiadas las dos principales características de la fisión nuclear que son en sí mismas sus principales inconvenientes, podríamos estar anunciando el fin de una torpe ilusión energética y el comienzo de la era post-nuclear.

De una nueva era energética que no se limite exclusivamente a conseguir y producir más y más energía, sino a satisfacer más racionalmente las necesidades humanas, presentes y futuras, y a respetar el equilibrio de los ecosistemas.

En consecuencia, si combinamos estos análisis a lo que vamos a prestar atención es a asuntos como todos los conflictos socio-ecológicos o ecológicos-distributivos que van asociados a la extracción, a la transformación, al transporte y a la quema de los combustibles.

Algo que muestra las confrontaciones que existen entre grupos sociales que tienen visiones e intereses que no necesariamente son convergentes.

Y en segundo lugar, lo que nos mostraría también es cómo se van configurando determinadas estrategias, sobre todo en el plano internacional, por el que, algunos países, pretenden establecer condiciones de seguridad en sus suministros mediante el control de fuentes de extracción y también de las redes de suministro, pero que tienen como contrapartida que otros países tengan que vivir procesos de des-posesión de esos mismos recursos naturales o de sometimiento a una dominación militar o política frente a los primeros países.

El reparto, históricamente injusto, impreso, durante décadas, en el mapa energético mundial, tiene que ser drásticamente transformado, con la aplicación de los criterios de justicia medioambiental y social. El nuevo debate energético debe tener en cuenta que el uso de los recursos fósiles ha profundizado la brecha de los riesgos ambientales y de las desigualdades sociales.

El caso más emblemático, es el del cambio climático, porque los impactos han recaído, desproporcionadamente, sobre los países menos desarrollados y sobre los grupos sociales menos favorecidos cuando, paradójicamente, son los que menos responsabilidad tienen en este cambio global.

Una cosa es que tengamos el problema contextualizado y situado, y otra cosa es que estemos en vías de resolverlo. Y de eso todavía estamos lejos.

Por tanto nos queda una parte importante, de trabajo, de denuncia, de aglutinar, de tratar de construir mayorías que en la calle, en las instituciones, en las casas y en los lugares de trabajo, consigan impulsar ese cambio político, ese cambio social, que será la única manera de acompasar las sociedades al funcionamiento de los ecosistemas.

En el informe de Economía, Energía y Sociedad para el Cambio Global, dábamos propuestas que nos permiten reducir a la mitad el consumo de petróleo de aquí a 2030.

Eso sería un beneficio impresionante para el conjunto de la economía, también para el medio ambiente, también para el empleo.

Y eso es posible hacerlo, pero hay que actuar en los sectores que comentaba de la edificación, en el transporte, la industria... Podemos actuar, se trata de ponerse en marcha.

Y el modelo español es muy parecido al modelo mundial.

Es un modelo en el cada vez es necesario más consumo de energía para producir lo mismo. Y tenemos menos recursos energéticos porque todos son "no renovables".

Y si pensamos en la energía nuclear tampoco es sostenible, el riesgo de accidente nuclear, los residuos que duran decenas, cientos, miles de años, hacen que sea absolutamente insostenible esa energía, y en España también tenemos energía nuclear.

Y como unas cosas llevan a otras, la opinión pública pro-nuclear española se ha ido volcando, progresivamente, y en especial, después de la irresponsable gestión de la catástrofe de Fukushima, contra la energía nuclear.

Ha ocurrido lo mismo en Alemania, donde se ha planteado el cierre de las centrales nucleares para el año 2022.

En Italia, un referéndum vinculante, ha obtenido un 93% de votos contrarios a la energía nuclear.

Suiza, se ha comprometido al cierre de sus centrales nucleares al fin de su vida útil, y en Francia, las últimas movilizaciones apuntan también, a un rapidísimo crecimiento del sentimiento antinuclear.

En el último informe hecho por el gobierno japonés al Organismo internacional de la energía atómica, todo esto queda absolutamente a las claras, incluso, sabemos ya, porque nos lo han filtrado, sabemos ya que el reactor se fundió justo después del terremoto, mejor dicho, que el terremoto generó ya daños en el reactor.

No se puede decir que los reactores soportaran el terremoto, esto es importante, porque siempre se dice que fue el tsunami el que generó el accidente.

Se ha sabido también que los reactores se fundieron a las pocas horas del terremoto, a las 5 horas, lo cuál reforzaría esta idea de que el terremoto generó muchos daños, y puso de manifiesto la incapacidad de TECO para reaccionar a tiempo, ellos tardaron 20 horas en empezar a refrigerar los reactores.

También se negó el hecho crucial de que se hubieran fundido los reactores, considerando que ésta es la más grave eventualidad que puede darse en un accidente nuclear.

TECO, la empresa propietaria de la central de Fukishima, ha ocultado y tergiversado, sistemáticamente, toda la información relativa a la catástrofe, minimizando los efectos del accidente, y asegurando, falazmente, que la nube radiactiva no iba a tener efectos sobre la salud de la población. Yo quisiera señalar el silencio clamoroso de los políticos españoles.

Y eso quiero señalarlo porque justo antes del accidente de Fukushima, PP, PSOE, CONVERGENCIA,PNV, habían llegado a acuerdos para suprimir de la Ley de Economía Sostenible el límite de vida de las centrales nucleares y abrir la puerta a la construcción de nuevos reactores en un horizontes de unos 10, 15 años.

En estos momentos están todos callados, a mí me gustaría escuchar sus opiniones ahora, me gustaría saber si siguen pensando lo mismo, pero ahora, no dentro de 10 años cuando esto se olvide.

Y también una mención especial merecen los expertos que ya el día 12 de Marzo, justo después del accidente, decían sin tener información, que esto no había sido nada, había sido un nivel 4 en la escala INES, prácticamente no había escape radiactivo, me gustaría oir ahora qué dicen y me gustaría que pidieran perdón a la población.

Porque ellos estuvieron mintiendo y en lugar de explicar a las claras lo que estaba ocurriendo para que la gente sepa, porque yo creo que la gente tiene derecho a saber estuvieron ocultando información.

Tampoco las centrales nucleares españolas están exentas de problemas relacionados con la seguridad.

La industria nuclear anuncia que aprenderá de los errores y los corregirá y eso hará a las centrales nucleares más seguras La Central de Garoña tiene severos problemas en los sistemas de protección contra incendios, a lo que se añade la corrosión, un mal que aqueja a todas las centrales conforme van envejeciendo. Almaraz, sufre también de serios problemas de corrosión en los generadores de vapor.

Las centrales de Ascó en Tarragona, están construidas sobre una zona de margas, en la que el suelo puede variar de posición, incluso 10 cms al año. Un reto, como siempre demasiado arriesgado, para la población cercana a la central. Queda claro, por tanto, que Inseguridad e Insostenibilidad, son las grandes desventajas del modelo energético vigente que, sin más dilación, tenemos que enfrentar.

Ese mundo es posible, podemos pasar de la insostenibilidad, que además, tarde o temprano habrá que corregirla, a una organización social mucho más sostenible, para eso hay que ser valientes políticamente, hay que tomar las decisiones oportunas, los gobiernos tendrían que tomar decisiones no en función de los intereses actuales de las empresas actuales, si no en función de los intereses de la sociedad y de su futuro.

De esta manera, a los criterios de justicia social y ambiental, hay que incorporar, el criterio de equidad, que permitiría garantizar el acceso a la energía, a todas las poblaciones por igual.

Corrientes como la educación ambiental, el ecologismo social o el ecofeminismo, abogan, no solo porque las agendas políticas se hagan cargo de esta distribución equitativa, sino porque los sistemas educativos, comiencen a invertir, de forma integral, en una generación más concienciada con la realidad del planeta.

Sería muy importante rescatar todo aquel conocimiento que ha generado el movimiento feminista alrededor de las propuestas de la economía, alrededor de las propuestas en torno al modelo de ciudad o de urbanismo, alrededor de las propuestas de organización social.

Nosotros, nuestra sociedad, tiene un problema de prioridades, de priorizar los beneficios por encima del bienestar de las personas, tiene un problema de gestión de los tiempos, vamos demasiado deprisa invertimos mucho tiempo en tareas que son muy dañinas para la naturaleza y para la sociedad.

Y tiene un problema de espacios. Se debería movilizar algún tipo de estrategia que permitiera liberar espacio ambiental en favor de aquellos que necesitan desarrollar estrategias de crecimiento, de desarrollo económico en favor de sus propios pueblos.

Desgraciadamente, en el plano internacional poco se está haciendo. El llamamiento, por tanto, tendría que estar más centrado en intentar hacer una revisión a los estilos de vida de los países ricos, para poder observar, que también en este campo, hay implicaciones respecto a las condiciones de vida de los países del Sur.

En este orden de cosas, grupos todavía demasiado aislados y gobiernos con escasa proyección internacional, como el de Ecuador, se han planteado articular medidas para compensar los daños ambientales ocasionados por los países ricos sobre los ecosistemas de los países pobres, y para favorecer a aquellos, que contribuyen al bienestar ambiental de la humanidad.



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